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Hace sólo unos días nos hacíamos eco de la noticia de la salida de Super Drags, la nueva serie brasileira de Netflix, en la que tres drag queens superpoderosas salvaban el mundo (o más bien Murcia) a golpe de realeza.

Cinco capítulos, muchas carcajadas y bastante reflexión más tarde, no queda sino aceptar que la corona está en el sitio que le pertenece.

Los tres protagonistas, Donizete / Scarlet Carmesí, Ralph / Safira Cyan y Patrick / Lemon Chiffon forman el trío de las Super Drags, dedicadas a salvar la comunidad LGBTQ+ de todos los peligros que puedan acechar, incluidos los que vienen de dentro.

Veamos el tráiler:

Una serie diferente

Lo que distingue a Super Drags del resto de series pensadas para la comunidad son los siguientes factores:

  1. El formato escogido, de capítulos animados cortos, permite un descanso del drama y los tan predominantes colores apagados y desaturados de la mayoría de producciones de imagen real a día de hoy. Es una explosión de luz y color.
  2. En lugar de dedicar un capítulo a una temática y centrar las tramas secundarias en hilos continuistas, todo es un gran arco dividido en historias en los que hay tiempo para poner a caldo a todo y a todos.
  3. El show recurre a un muy dinámico sistema de mostrar sin necesidad de explicar. No es necesario detallar cuán absurda es la homofobia interiorizada cuando se muestra en toda su vergonzosa presencia. Eso permite tratar temas muy serios de forma desenfadada en pocos segundos, sin momentos de oscura determinación ni inspirada exposición.
  4. Ocurre en Murcia.

“Murcia. Qué asquito de ciudad, hay que pagar tres peajes para venir” – Vedette Champagne

Por desgracia, eso conlleva que cualquier análisis superficial de la serie pueda hacer pensar que una temática en particular no se toca.

Una serie que da lo que promete

Sin embargo, todo se trata. Desde la dependencia del colectivo para con sus ídolos hasta el patrón ultrarreligioso por el que muchos padres intentan cortar a sus hijos, pasando por periodistas enemigos dignos de OKDiario, hay para todos.

El mensaje de la serie queda claro y está muy de acuerdo con el que considero uno de los dos problemas principales del colectivo: si nos respetásemos tanto a nosotros mismos como al prójimo sólo la mitad de lo que nos corresponde, otro gallo nos cantaría.

La animación es sorprendentemente buena. Supera con creces a algunas producciones de mucho mayor presupuesto, con un dibujo y estilo muy cuidados. El uso de diferentes tipos de línea, coloraciones y rellenos da un aspecto muy resultón al producto final.

Sin embargo, quizá el aspecto más cuidado sea el sonoro. Super Drags cuenta con un doblaje que eleva la comedia a unos niveles que pueden hacer recordar a Florentino Fernández en Austin Powers. Y eso no es algo que diga a la ligera.

Dicho doblaje cuenta con voces tan conocidas como Eduardo Gutiérrez (Stewie Griffin), Keunam o Hermoti. El divertido diálogo no está fuera de lugar en ningún ambiente gay.

Vedette: (…) ¡Absorbe el arcoíris de todos los gays y los deja débiles y sin vida!

Donizete: ¡JA! ¡Pues igual que tu pelo!

Vedette: ¡Cierra ese ojete para hablar conmigo, maricón! ¡A callar, guarra!

La banda sonora es a su vez variada y adecuada, con temas de varios estilos y acordes a las transformaciones y eventos.

Saphira Cyan, por ejemplo, cuenta con un tema electrónico para reflejar su influencia pop japonesa contemporánea, mientras que Lemon Chiffon tiene un tema de toques muy setenteros para reflejar su estatus como la marica vieja del grupo.

Típicos tópicos de Super Drags

Los roles en Super Drags están muy claramente definidos. Tenemos a la marica mala, a la marica vieja, a la marica 2.0, divas de postín y viejas glorias, politicuchos cristofreaks y profetas de la moral, no se escapa nadie.

¡Somos las Super Drags y venimos a FOLL*RNOS LO QUE HAGA FALTA!

Como buen tópico gay, quizá su mayor punto negativo sea su desenfreno. Queman tantos cartuchos en los cinco capítulos que cuesta reconocer las pullas si no has vivido la situación.

Del mismo modo, la representación no-gay tampoco está muy presente. Sin embargo, en una serie de cinco capítulos, de 23 minutos cada uno, protagonizada por drag queens… tampoco se le puede pedir más.

Decía Ángel Martín, de Sé lo que hicisteis, que es imposible criticar la mierda sin meterse en ella. Super Drags va un paso más allá y se mete en todos los tópicos posibles para dar caña desde dentro.

En justicia, el hincapié realizado en el mensaje de inclusividad y tolerancia y el hecho de que no se dejen tópico sin ridiculizar lo compensan.

En resumen, Super Drags es una serie recomendable con una carcajada asegurada.

Y recordad, hermanas: creed en el arcoíris.

Javier Pan

Me dijeron que llegaría a ser grande. Dos metros y muchos kilos más tarde, ya podrían haberme dicho otra cosa los mamones.

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