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Slime Rancher ha sido para mí una de las sorpresas indies del año, ¿Qué tiene de especial?

Hay dos géneros de videojuegos a los que difícilmente me puedo resistir. El primero son los simuladores de granja, y el segundo los juegos en los que tienes que esclavizar a toda una raza. Teniendo en cuenta que no voy a rejugar Stardew Valley hasta que sea lanzado para Switch, y que Hey Pikmin! ha resultado ser una total decepción, me parecía buena idea probar Slime Rancher para poner a prueba mis habilidades de gestión de recursos este verano.

Quizá al principio Slime Rancher no llame la atención por su apartado visual. A ratos incluso me ha recordado a uno de esos indies de Xbox Live de la generación pasada. Sin embargo, tras dedicar la primera media hora de juego, rápidamente uno se da cuenta de que es una apuesta sólida dentro del género de los simuladores de granja.

En Slime Rancher tomamos el papel de Beatrix LeBeau, una joven e inexperta granjera que adquiere un rancho en el planeta Far, Far Range. De Beatrix poco sabemos, salvo que le gusta escribirse cartas con su amiga Casey (muy muy amiga, yo creo que son primas).

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Venid aquí, pequeños engendros gelatinosos

La divertida cría y explotación de minions

El objetivo en Slime Rancher es obtener beneficios mediante la cría y explotación de Slimes, esos seres amorfos y adorables que han sido minions en una infinidad de videojuegos, y sobre los que siempre hemos querido saber más.

Así pues, debemos explorar los alrededores de nuestra granja para descubrir y cazar nuevas especies de slimes, cada uno con sus particularidades. Poco a poco, iremos construyendo diferentes parcelas en nuestra granja en las que iremos encerrando a nuestras pequeñas criaturas. Cada slime tiene su dieta particular que debemos respetar (los hay omnívoros, vegetarianos, frugívoros) aunque a diferencia de ese amigo tuyo que siempre te trae lasañas de soja texturizada, los slimes no se pasan todo el día sacándote el tema de su dieta en todas las conversaciones.

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Lo LGTB+ como cultura hegemónica opresora REAL

Una vez cebados, debemos recolectar el plort. Estas heces cristalizadas se venden a buen precio en el mercado, pero el secreto de Slime Rancher es tratar de automatizar éste proceso para poder obtener beneficios mayores.

Sin embargo, una cosa que me ha encantado de este juego, ha sido la propia rebeldía de los slimes y las dificultades a la hora de criarlos. Si tratas de meter en un corral a demasiados, pueden llegar a rebelarse o escaparse. Cualquier madre primeriza en éste juego sufrirá un montón de fugas e incluso agresiones. Me gustaría poder decir que poco a poco vamos estableciendo un vínculo emocional y de confianza con las criaturas y éstas dejan de escaparse, pero no es así. La solución (igual que la de muchas madres) no es tratar de comprenderlos sino reforzar la seguridad del rancho para evitar fugas.

La peste rosa

La parte más divertida de este Slime Rancher es la infección arco iris que se produce cuando tratas de fusionar tres slimes diferentes. Delante de nuestros ojos, los bichos se transforman en unos seres malignos de los colores de la bandera LGTB+ y empiezan a infectar cual ataque zombi a toda la población de tu rancho. Sin duda, una metáfora que hace referencia la inquisición gay y cómo las ideologías de género amenazan con destrozar todo lo que conocemos y el modelo económico por el que tanto hemos trabajado. No creo que haya otra interpretación posible.

Dicho todo ésto, en Slime Rancher pasamos una gran cantidad de horas encerrando bichos salvajes, manteniéndolos a raya y vigilando que no haya demasiado libertinaje. Aun así, no puedo dejar de jugarlo, y no sé si el juego tiene un final pero espero que no. Lo paso genial descubriendo nuevas especies y explotando los recursos del planeta.

Definitivamente es un juego que recomiendo si nunca has estado en una posición privilegiada o de poder y te apetece evadirte unas pocas horas en soledad fantaseando con oprimir y explotar a otros seres vivos. Mientras no lo hagas en la vida real, todo bien.

Mikel Calvo

Game Designer made in Bilbao. Utiliza las mecánicas de juego a veces como un artesano y a veces como un alquimista. Actualmente mantiene una relación abierta con su gato.

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