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Corpse Party: Blood Drive. Estética renovada, pero pifia argumental.

Corpse Party: Blood Drive, la tercera y última entrega de esta saga de terror -que ya os hemos reseñado con anterioridad aquí y aquí– innova bien poco con su historia y cambia su jugabilidad acercándola a la del primer título, olvidándose del “click and point” que dominaba en el segundo. Todo ello, eso sí, con unos gráficos renovados, de estética chibi y en tres dimensiones, pero sin perder la perspectiva cenital del primer juego.

Para empezar, el argumento no podría ser más simple: busca una nueva excusa para llevarte de vuelta al instituto maldito Heavenly Host y como aliciente incorpora nuevos personajes, entre los que se encuentra una injustificada jovencita en bikini que se pasea con una guadaña. ¡No digo que en el primer Corpse Party no hubiera tetas!, pero esto ya es ir demasiado lejos. A pesar de sus carencias argumentales, es fácil volver a sumergirse en otra historia de este universo (siempre y cuando se domine el inglés o se tenga buen oído para el japonés). Y digo volver porque es recomendable haber jugado a las anteriores entregas para que te motive más intentar subsanar los errores que cometieron los protagonistas en los títulos previos.

Qué calorcito da segar almas
Qué calorcito da segar almas

Mecánicas repetidas pero que siguen petándolo

En cuanto al gameplay puedo decir que se agradecen los “Wrong end” (o finales de partida que te llevan por diferentes caminos) no tan traicioneros como en el primer título. Para compensar esto, los escenarios están plagados de trampas: suelos con cristales, bombas, unos muy desagradables fantasmas que te persiguen aunque cambies de habitación o de planta, y, oh sí, ¡tentáculos! A esto hay que añadir la limitada batería de las linternas, la poca resistencia para correr y los interminables tiempos de carga aunque sea solo para ver lo que tienes en el inventario.

Pero a pesar de los visibles cambios, al volver al mismo escenario que el primer Corpse Party, imita muchas de las mecánicas que ya se vieron en aquel juego, y la resolución de los puzles, los restos de cadáveres, los peculiares detalles de sus habitaciones o los enfrentamientos con enemigos no nos pillan de nuevas.

Opcionalmente te puedes meter en armarios para esconderte de tus acosadores, pero suele ser peor el remedio que la enfermedad porque los enemigos ya sabrán que estás ahí.

¿Donde está el yaoi, aquí o aquí?
¿Donde está el yaoi, aquí o aquí?

¿Y dónde está el salseo?

Llegados a este punto, lo sé, queréis saber qué tiene de bueno este juego y dónde diablos está el yuri.

Os adelanto que en la historia principal no hay mucho por donde tirar más allá de imágenes sugerentes con mujeres/niñas voluptuosas, pero que en los capítulos extras encontraréis uno muy interesante, el número 4, protagonizado por Sayaka, Aiko y Magari (la de la guadaña) que se pelearán por ganarse el afecto de Naho, besarla, flirtear… En definitiva, ¡lo que todos estábamos esperando del juego!

Pero para saber el final de esta tórrida historia tendréis que comprar Corpse Party: Blood Drive para vuestra PSVita, iOS o Android.

Sheik

Esta biografía no ha salido del armario.

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