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Un vikingo, un samurai y un caballero entran a un bar y…. Podría parecer el principio de un chiste, pero es básicamente la premisa que Ubisoft nos presenta en For Honor, un juego enfocado principalmente al modo multijugador online en el que tendremos que escoger una facción y combatir por el territorio con el héroe que decidamos a través de un combate divertido, rápido y que tanto los más novatos como los más curtidos tendrán oportunidades de divertirse rompiendo cráneos por el campo de batalla.

Particularmente no soy demasiado fan de los juegos multijugador online competitivo, salvó que tenga algo más que me llame de sobremanera (amén al apartado fandom de Overwatch). De hecho, cuando juego a un MMO la parte que siempre evito es el PVP porque me genera un estrés que no gestiono demasiado bien.

Si la Nobushi te vacila, tú te callas y lo asimilas.

Pero ese estrés y esa presión se transforma en algo maravilloso cuando cojo el mando y me pongo a manos de un héroe que va a luchar en un combate en igualdad de condiciones o que va a llevar a su batallón a lo más grande, acompañado de otrxs jugadores que estarán dispuestxs a vengarte si es necesario. Un grito de guerra y ganas de pelea física REAL cada vez que conquisto un territorio o que estoy en racha, así cuando soy yo el damnificado por ser un manco en este tipo de juegos.

Pero no es solo el sentimiento de HONOR que me invade cada vez que protagonizo un capítulo de El Guerrero Más Letal, es también el apartado personalizable. Cada facción tiene tres personajes que se pueden personalizar a gusto de cada uno, pudiendo elegir el equipo, el color de la armadura, así como el color de la piel y el género en algunos casos.

Y es que de los nueve personajes que tenemos, sólo uno es siempre masculino mientras que son tres las que son siempre de género femenino, pudiendo escoger el género en los otros cuatro restantes. Pero esto no se queda aquí, las armaduras de las chicas es algo por lo que sentir honor también.

Estamos acostumbrados a que la armadura más potente en un personaje masculino sea casi un burqa de acero y oro mientras que su contraparte femenina sea unas pezoneras y un tanga, eso sí, de acero y oro también. En For Honor, la armadura de los personajes femeninos es igual que la de los masculinos, dando forma a la silueta femenina, pero no sexualizándola innecesariamente y cumpliendo su objetivo que es cubrir y proteger las partes más sensibles de la anatomía femenina.

Otro punto a favor y que no distingue entre género es el tema de la carne. Por lo general, todxs los héroes y heroínas tienen armaduras muy tochas que apenas dejan piel al descubierto, salvo por los vikingos que su musculatura hacen que sean una armadura en sí misma. Los brazos y los abdominales tanto de las chicas como de los chicos son igual de musculosos y, en la mayoría de las veces, igual de sucios.

De hecho, esto ha creado otra lucha que se aleja del campo de batalla de For Honor y que nos pega de lleno en nuestra realidad, creando un debate de sí es o no correcto que haya chicas luchando porque en el mundo real no existían y por lo tanto pierde rigor histórico. Un debate tan absurdo como la premisa del juego puede parecer en un principio. For Honor no deja de ser una ficción y una fantasía que ocurre en un lugar imaginario en el que cuatro pencas viejas se pegan de hostias hasta que gane un equipo u otro, por lo que venir a apelar al “rigor histórico” me parece que está de más y que deja, una vez más, ver y reafirmar que nuestra lucha sigue haciendo falta.

De verdad que me llena de honor el poder manejar una valquiria y destrozar batallones enemigos a diestro y siniestro y no tener miedo más que el necesario de que aparezca una kensei y me dé una muerte limpia mientras espero que esa guardiana llegue y me reanime en mi lecho de sangre, barro y cadáveres, para poder seguir repartiendo leña.

A falta de probar el modo campaña, tengo que decir que For Honor me ha conquistado a un nivel que no esperaba que lo hiciera, dejándome un multijugador de lo más entretenido y una diversidad que no esperaba encontrar en un título de estas características, lo cual me ha sorprendido gratamente y me hace sentir que las cosas están cambiando para bien. Aunque aún queda mucho por conseguir, son pasitos como estos los que hacen que el campo de batalla sea mucho más inclusivo y no quede relegado a un cierto tipo de jugadores.

Alfonso Maté

Filólogo inglés licenciado en la Universidad de Málaga, aunque según Facebook, mi profesión es "Entrenador Pokémon". Los videojuegos configuran mi personalidad y forman una parte esencial de ella. Mis áreas de interés se centran en la búsqueda personal y la construcción de la propia identidad.

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