Regístrate
Se enviará la contraseña a tu correo electrónico.

Era un niño inocente hasta hace unas semanas. Me dijeron que lo probara, que me iba a gustar, que me haría feliz y no quise creerlos. Me negaba en rotundo a caer en algo que a la larga me iba a causar un daño irreparable y, a pesar de todo, acabé probándolo. Ya sabes lo que pasa, la primera vez es gratis…. luego tienes que pagar.

Enseguida fui victima de un “guilty pleasure”. No quería gustarme y a la vez estaba sintiendo un cosquilleo en mis partes más oscuras. Sentía mono.

Para cuando acabé esa vez gratuita me sentí cómodo al saber que no iba a volver a probarlo. A caer en esa oscura espiral de locura a todas horas de la que no quería formar parte otra vez ya que no era la primera vez que he estado enganchado. Pero todo estaba en mi contra: Oía como los demás disfrutaban de la fruta prohibida, veía a escondidas las caras de éxtasis de otros al probarlo e incluso mis amistades más cercanas habían caído y querían arrastrarme con ellos.

Resistí… pocas horas. Ahora soy uno de ellos. Mi guardia, finalmente, ha comenzado.

Overwatch es la nueva droga de Blizzard, el nuevo boom del momento (memes a diario, fanart, camisetas, alfombrillas con culazos) que cosechó una inimaginable fama previa a su lanzamiento gracias a la marca y a una descomunal cantidad de porno que satisfizo a una gran parte de los jugadores y consiguió que se convirtiese en un éxito asegurado.

La mezcla extraña entre shooter competitivo, cooperativo y MOBA funciona de forma maravillosa debido, principalmente, a la velocidad del juego. Las partidas se hacen ágiles y siempre tienes esa sensación de estar logrando algo aunque tu equipo vaya perdiendo. También la posibilidad de cambiar de personaje en mitad de la partida es una decisión excelente (aunque tomada prestada de otros juegos) ya que permite que nos adaptemos a cualquier situación e intentemos contrarrestar a aquel cabronazo que está jodiendo a nuestro equipo.

Y ahí radica la fórmula del éxito de Overwatch: la pura adicción. Esa agilidad, ese juego rápido que parece que estamos puestos hasta arriba es parecido a cuando te da el subidón y, ese subidón es a veces tan corto que necesitas más y más. Ser la jugada destacada es directamente un chute que se traduce en un “he sido la mejor zorra del lugar” y en la parte superficial de nuestro conocimiento nos autoconvencemos de que si lo hemos sido una vez, podremos serlo otra vez. Si encima de vez en cuando te dan un premio en forma de botín -que suele contener mierda- provoca que la adicción vaya a más y más. Y más, y más, y más. Ya no sólo esa velocidad es la que causa el efecto adictivo de Overwatch ya que la vanidad también es parte de ello. Tras cada partida tendremos que votar a los mejores jugadores de la misma, contando a aquellos que hayan conseguido los mejores resultados, ya sea en muertes, curación, cantidad de daño bloqueado… y moriremos y mataremos para poder aparecer allí y dedicarnos un poco de onanismo en forma de “me gusta”. Porque como dice el gran sabio RuPaul “si no nos queremos a nosotros mismos, ¿cómo coño vamos a querer a cualquiera?”

Somos los mejores y todo lo que damos es face, face y más face. Si que es verdad que, como buen porro, es mucho mejor si es compartido y causar estragos en compañía que si te echas unas risas en solitario.

El rango de campeones van desde los personajes más carismáticos hasta los más irritantes pasando por cada estereotipo posible para contentar al mayor número de colectivo al mismo tiempo y que, en ocasiones, parecen brutamente plagiados de otros juegos. Es curioso que los personajes femeninos como D.Va o Tracer sean realmente molestos al oído, aunque esto puede ser más por el doblaje castellano que por personalidad. Tampoco ayuda que veas dos de cada en cada partida y oigas cada dos por tres el “¡Nerfea esto!”, una expresión graciosa y “rompecuartaparedes” que resulta realmente graciosa…las dos primeras veces.

Estereotipos vaqueros, Reaper como el mariachi de las recortadas, el gordo como el gordo, un Harley Quinn que ha pasado por la rule 63 y Zarya como el personaje femenino con cuerpo no heteronormativo. Todos los posibles colectivos están aquí. Y que conste que no es una crítica. Blizzard, como buen jugador, ha sabido qué cartas tenía que utilizar para tenernos a todos contentos.

Overwatch es ese juego que si odias los juegos PvP o has rehuido de los shooters, puede hacer que vuelvas a tenerles cierto cariño a este género ya que el trabajo que ha hecho Blizzard es digno de admiración. El género no ha sido revolucionado pero, sin duda, ha rejuvenecido.

Y no os preocupéis, Reaper es el personaje gay. Esa máscara oculta un rostro tan bello como el de Vega. Aunque sin pelazo.

Xavi Martínez

29. Filólogo inglés, traductor, kendoka y posible homersexual. Mi género favorito son los juegos de rol (malos, buenos, occidentales, orientales…) y puedo llegar hasta completarlo varias veces. Me encantaría vivir en el mundo de Dark Souls o de Dragon Age, al lado de Toro de Hierro.

Artículos Relacionados