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Recientemente he podido probar de primera mano las PlaystationVR, algo que me ha gustado y sobre todo ha sido lo que me ha terminado de animar a escribir en esta web sobre Realidad Virtual.

Llevo casi dos años diseñando experiencias con tecnología de Realidad Virtual, aunque es ahora cuando ya parece generalmente aceptado que dicha tecnología ha llegado para quedarse. Quizá ahora la cuestión es más bien si ha venido para quedarse durante una generación de consolas o durante unas cuantas.

Sea como fuere, no seré yo quien vaya a convencer a nadie de las bondades de unas gafas de Realidad Virtual (aunque desde aquí me ofrezco a HTC / Samsung / Oculus / Google para ser un evangelizador si ellos quieren pagarme). Lo que sí que quiero es compartir con vosotros unas observaciones a las que llevo dándole vueltas mucho tiempo.

Al margen del entretenimiento, la capacidad de inmersión con realidad virtual es mucho mayor que la que conocemos hasta ahora. Cuando pruebas una buena experiencia o videojuego de realidad virtual toda tu atención se enfoca en lo que está pasando, tu cerebro te hace creer que es real. Esto se comprueba fácilmente cuando días después recordamos la experiencia virtual jugada y lo sentimos mucho más como si se hubiera vivido en lugar de ser algo que hemos visto u oído.

Como diseñador queendie (queer + indie, no liarse con reinas) que soy, veo un potencial tremendo en la realidad virtual a la hora de querer sensibilizar sobre temas que afectan a un colectivo minoritario (o en general a cualquier colectivo). Para empezar, una experiencia RV es casi siempre en primera persona, lo que facilita identificarse con un personaje protagonista, e incluso puede dar pie a jugar con nuestro género. Imagino un juego donde nacemos como una persona con disforia de género, y debemos vivir una infancia llena de dudas sobre nosotros, el no entendimiento con nuestros padres, todo sin poder echar un vistazo a nuestros propios genitales. Exploración es decir poco.

La inmersión en el mundo virtual puede sensibilizarnos de algunos temas concretos, como puede ser la homofobia. Una experiencia en la que paseamos con nuestra pareja de la mano en diferentes lugares públicos de la ciudad. Ya no digo sufrir una agresión física, simplemente contemplar las miradas de otros, escuchar cuchicheos y gritos cobardes que todos alguna vez hemos sentido. Sería más que suficiente para que más de una persona heterosexual sintiera y fuera consciente de lo que es sufrir una agresión.

Como ya adelantamos aquí hace un año, Robert Yang está utilizando la realidad virtual para crear una simulación donde visitamos un club gay. Su proceso creativo es bastante abierto, por lo que no sabemos con exactitud en qué va a consistir, pero ha hablado de mecánicas de lanzar miradas a los presentes y últimamente está insinuando que tratará el cruising. First Person Cruising, no hace falta decir más.

Los videojuegos maricas tienen un terreno todavía inmenso por explorar, pero sin duda la realidad virtual puede ser un aliado perfecto para el colectivo LGTB.

Mikel Calvo

Game Designer made in Bilbao. Utiliza las mecánicas de juego a veces como un artesano y a veces como un alquimista. Actualmente mantiene una relación abierta con su gato.

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