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Se me llena mucho la boca con Bioware y no es para menos. Si hablamos de videojuegos y LGTB+ siempre acabamos hablando de esta compañía. Gracias a Bioware he tenido la oportunidad de yacer con hombres estupendos: elfos emos, magos pirados, chulazos de 2 metros adictos al sadomaso… pero como pasa en la vida real, las decepciones amorosas también ocurren en el entorno virtual. Hundido, descorazonado y bañado en mi propia melancolía, me hago esta pregunta mientras miro de soslayo a mi edición coleccionista del Dragon Age: Origins… ¿Por qué no me quieres Alistair?

Pero primero, antes de hablaros de mi drama personal, una pequeña introducción.

Sé que no sé mucho sobre la teoría de cuerdas y postransfeminismo espacial, pero sobre Dragon Age lo sé casi todo lo que hay que saber. Me enamoré a primera vista del Origins, lo pasé mal asumiendo que el Dragon Age II es flojísimo y disfrute cada segundo del Inquisition. Creo que es un juego con un lore muy interesante con influencias de nuestra cultura, historia y literatura (periodo de anarquía inglesa, sistema de castas hindúes, samuráis, comunismo…). Creo que cualquier aficionado al rol puede encontrar en estos títulos una experiencia más o menos satisfactoria.

Pero Bioware se caracteriza también por escribir muy buenos romances. Un romance es cuando… bueno, creo que si tengo que explicarlo, alguien no hizo bien su trabajo. Cualquiera de los tres títulos te da la opción de acostarte con al menos 4 personajes diferentes. En Origins tienes la opción de entablar relación con un asesino bisexual, una bardo bisexual, un guerrero heterosexual y una bruja heterosexual. Los siguientes juegos ampliaron más las opciones, pero ya desde Origins tu personaje tiene la opción de ser todo lo marica o bollo que te apetezca.

Y aquí empezó el drama. A ver, no os voy a engañar, que empecé a jugar a este juego porque había sexo gay, no por los gráficos o la música. Si “Comming Out On Top” existiese hace 8 años, creo que Dragon Age y yo nos habríamos conocido hace poco (estábamos destinados, eso sí). Y disfruté muchísimo hasta que empecé a enamorarme de Alistair. Sí, había días que soñaba que venía a buscarme en un unicornio a la universidad. LI-VING. Y vaya ostia me pegué cuando descubrí que era hetero, gracias Bioware por plasmar una de las dudas existenciales maricas de nuestra comunidad: ¿por qué me tengo que enamorar de un chulazo hetero pero tengo que acabar acostándome con un latin lover de metro y medio que me da grima?, ¿Me explicas? En plan, ya he vivido eso en la vida real cuando me quedaba hasta las 6 de la mañana para ver qué caía, gracias por nada.

Y entonces me dí cuenta de que, además de una pringada, era mala persona. En vez de asumir que Alistair es un encanto y que se merecía lo mejor acabé organizando una farsa de matrimonio entre él y la hija del señor que mató a su mejor amigo y acabé liándome con su peor enemiga. ¿Te gustan las telenovelas? Pues toma dos tazas. Este sentimiento de culpa y de pena por ese amor no correspondido aún sigue en mí, por suerte, hoy en día existen mods que pueden evitar toda esta marea de lágrimas maricas.

Por lo tanto, me encanta el juego y le pondría un 9,78. A ese 10 lo que le falta son los cm que Alistair se negó a darme.

Besos de luz.

Alex Red-Miau

Druida de la zarpa gatuna de día, kendoka de rango Neko Shogun de noche, a las 12 me pego un tiro y salvo Japón de las sombras mientras tú pestañeas.

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