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Desconozco la razón por la que las personas deciden empezar a jugar a juegos de pelea, pero conozco la mía. Me voy a poner muy intenso, pero no es para menos porque os voy a hablar de amor a primera vista. Si eres gamer te va a gustar.

Sería entorno a los 90’s. Juraría que fue un día de verano, yo estaba jugando en el parque con  un amigo cuando llegó la primera máquina arcade a mi barrio, ni siquiera hablo de mi pueblo, hablo de un bar de mala muerte a un minuto de mi casa. Mi deber como gamer era investigar qué demonios era eso que tenía tantos adeptos (sí, el bar era un repelente para mujeres). Qué sorpresa la mía encontrar un juego tan colorido y con una música tan divertida llamado Street Fighter II. Por aquel entonces mi única consola era la Gamix, una copia de la Famicom japonesa para la que era muy complicado encontrar juegos, ni idea de dónde los sacaba mi padre, pero vamos, que no tenía un grandísimo repertorio. Por lo tanto, la llegada de una máquina al barrio suponía un abanico de posibilidades ya que cada cierto tiempo cambiaban los juegos y nunca sabía qué encontraría. Conocí muchos títulos gracias a este invento, pero Street Fighter II fue una gran revelación.

Entre todos los luchadores la que más me llamaba la atención era Chun Li. Su diseño me gustaba, me generaba simpatía y su estilo de lucha más técnico y rápido que el resto me atraía mucho como jugador. Pero lo que más adoraba de ella es que fuese una mujer. No había conocido muchos juegos con mujeres como protagonistas, por lo tanto, este detalle era muy importante porque consideraba que esta ausencia era muy preocupante. Me costaba mucho sentirme identificado con los roles que desempeñaban los personajes masculinos en los videojuegos, generalmente no entendía sus motivaciones o su actitud ante la vida o ante las mujeres; los roles femeninos también me parecían un rollo, no entendía tanta pasividad. Pero entonces llegó ella y por primera vez sentí una conexión brutal.

¿Qué pueden tener en común un marica de 10 años y una luchadora china? Pues que ambas personas son parte de una minoría. Yo era un gaymer en un mundo heterosexual y patriarcal en el que ser hombre -pero ser esa clase de hombre que despreciaba- era la única manera de obtener reconocimiento y prestigio social; ella era la única mujer y la única luchadora de su país. Ella estaba ahí y controlarla era una versión empoderada de mí mismo porque ambas éramos representantes de un colectivo invisibilizado en nuestros respectivos entornos. Aprendí a ser Chun Li, aprendí mucho todas esas tardes jugando al Street Fighter. Y el día que unos chicos me llamaron maricón por elegir a Chun Li, en ese mismo instante, entendí que estaba en la dirección correcta.


Porque al empezar a jugar a Street Fighter II aprendí que todas somos parte de una lucha mucho mayor que nosotras y que la homofobia y el machismo son hermanas gemelas de un mismo problema a erradicar.

Os dije que me pondría intensa

Alex Red-Miau

Druida de la zarpa gatuna de día, kendoka de rango Neko Shogun de noche, a las 12 me pego un tiro y salvo Japón de las sombras mientras tú pestañeas.

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