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El mundo idol es toda una revolución japonesa que nosotros los occidentales solo somos capaces de entender y asumir tras una larga temporada expuestos a esta tendencia. Podemos tener ejemplos que se aproximen al concepto nipón, pero en ningún caso se adopta este concepto como identidad.

Lo que era Shin Megami Tensei x Fire Emblem y que luego se convirtió en Tokyo Mirage Sessions, más bien se podría haber llamado “Como ser idol en cinco pasos y no morir en el intento”, porque es la trama principal del juego aunque nos quieran hacer creer que el mundo se va a destruir en pocos días y que nosotros somos las reencarnaciones de antiguos guerreros que debemos evitar este mal.

Seguimos a Tsubasa, una chica que quiere entrar en esta industria y es tarea nuestra ayudarla en todo lo que podamos, animarla a hacerlo bien y ser un punto de apoyo en esta ardua tarea de convertirse en ídolo de masas. La realidad es que no solo la ayudaremos a ella sino también al elenco de personajes que se nos presentan y que representan las distintas facetas que conlleva ser idol.

La imagen de una chica idol es estereotipada a su máxima expresión y se le atribuyen todas las “virtudes femeninas” que una chica joven debe tener, y es que tradicionalmente, las chicas idols están enfocadas para un público masculino que las idolatran (valga la redundancia) y no pueden encontrar en ellas, desde la mirada de una sociedad heteropatriarcal, ningún fallo en su comportamiento y Tokyo Mirage Sessions no iba a ser para menos. Refleja bastante bien el proceso que hay que sufrir para convertirse en una profesional del entretenimiento a todos los niveles, ya que tendremos que ayudar a Tsubasa a ser cantante, modelo, actriz y todo bajo el mismo papel y la misma identidad, la cual va descubriendo y elaborando a lo largo y ancho del juego, pero no reflexiona ni profundiza lo suficiente en las implicaciones personales que conlleva convertirse en idol y que tu personaje público y tu vida privada sean una sola cosa.

Momento introspectivo en el que Tsubasa se encuentra a sí misma en un mundo de nubes rosas, siendo una Magical Girl caballero pegaso.

El juego, más que de Shin Megami Tensei, adopta muchos conceptos en su narrativa de la subsaga Persona, teniendo un sistema similar de vínculos personales que harán que no solo conozcamos mejor a los personajes y que ellos mismos descubran sus verdaderos sentimientos, sino que además influye en el gameplay desbloqueando habilidades que nos ayudarán en la parte más técnica del juego.

Sin embargo, aún sabiendo con qué tipo de juego nos estamos poniendo, se hace raro que no haya ningún tratamiento de lo LGBT+ en las setenta horas que dura el título, sobre todo teniendo como referente directo a Persona en la que sí que hay un tratamiento, a veces acertado y otras no tanto, a lo largo de las diferentes entregas que conforman la saga.

Como se trata el tema de ser idol, los dramas personales de los personajes y las motivaciones de los mismos se quedan en algo anecdótico, perdiendo una gran oportunidad de crear un retrato de la sociedad nipona en la que se está basando y de alguna forma intentar ser trascendental. La realidad es que ni el juego lo consigue, pero tampoco se lo propone, por lo que solo queda soñar en lo interesante que hubiera sido si se hubiera reflexionado más en los temas a los que Tokyo Mirage Sessions nos propone adentrarnos de mano de un elenco de personajes carismáticos y llenos de energía.

Y es que, no todo el mundo puede ser idol.

Alfonso Maté

Filólogo inglés licenciado en la Universidad de Málaga, aunque según Facebook, mi profesión es "Entrenador Pokémon". Los videojuegos configuran mi personalidad y forman una parte esencial de ella. Mis áreas de interés se centran en la búsqueda personal y la construcción de la propia identidad.