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Stardew Valley es un simulador de vida en la granja como ningun otro al que haya jugado. No se puede decir que sea tremendamente original, sino que más bien coge lo mejor de las diferentes entregas de Harvest Moon y consigue ser mejor en absolutamente todo.

Ya desde su planteamiento al pulsar start consiguió que empatizase con el avatar, cansado de la vida moderna encerrado en un desmotivador trabajo de oficina. Resulta de lo más estimulante pisar por primera vez Pelican Town para conocer la granja del abuelo de la que debemos hacernos cargo. Y es que el entorno, los habitantes están cuidados hasta el máximo detalle, haciendo que cuidar de esta granja virtual sea un verdadero placer.

No pasa ni media hora cuando ya estoy inmerso en sus ricas mecánicas y objetivos a corto plazo. Sembrar, regar, recoger, mejorar la granja, construir un corral… Siempre hay algo para hacer y además es algo que el juego intercala perfectamente con eventos que nos permite avanzar en una pequeña historia en la que un pueblo trata de mantenerse fiel a sus orígenes y tradiciones. Desde las primeras horas podemos apreciar claramente la crítica a la mercantilización extrema que hace Stardew Valley convirtiendo la elaboración artesanal en un placer mediante su excelente experiencia de juego.

Me convertí en un granjero que adoraba trabajar de sol a sol, y aunque me parecía atractivo hacerme ermitaño, poco a poco quise comenzar a entablar una relación más profunda con los habitantes de Pelican Town. Mis vecinos eran animalitos de costumbres y pronto aprendí dónde podía encontrarme con cada uno de ellos. Lo bueno de un videojuego donde los personajes son playersexuales es que pierdes el miedo al rechazo (todavía siento un dolor en el pecho cuando recuerdo a Alistair) así que a pesar de que me dijese algunas frases un tanto contradictorias, decidí empezar un acoso y derribo hacia el joven deportista Alex.

La gran contradicción es que en una historia tan entrañable y cuidada, todo su sistema de afinidad con los personajes está basado en una sola cosa: dar regalos. Todos los días debía hablar con Alex, y darle algunos regalos que me costaba conseguir. Este proceso se me hizo lento y agotador, por lo que decidí cambiar mi objetivo hacia Harvey, el médico del pueblo. A él le gustaba el vino y yo tenía mi granja llena de barricas. Con esto a favor, nuestra relación fue viento en popa hasta que pude declararme (mediante un regalo) e incluso llegamos a casarnos (mediante un regalo bastante caro).

La vida con Harvey no estaba nada mal, yo seguía con mi granja y él con su consulta, incluso a veces me echaba una mano en las tareas. Asistíamos a los eventos y celebraciones de cada estación y lo pasaba genial forjando amistad con el resto de vecinos. Entonces es cuando me dí cuenta de que mi decisión de amar a un hombre nos había convertido a Harvey y a mí en los maricones del pueblo.

Fiel a sus principios, Stardew Valley me sedujo en un mundo donde lo tradicional era la norma, pero al mismo tiempo me daba libertad para elegir mi propia vida.

Mikel Calvo

Game Designer made in Bilbao. Utiliza las mecánicas de juego a veces como un artesano y a veces como un alquimista. Actualmente mantiene una relación abierta con su gato.

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