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Xavi ‘Anquitas’ Martínez

¿Qué hacen dos pequeños LOVERS y una nave redonda por el espacio exterior? La respuesta es fácil: Colaborar para destruir a las fuerzas del Anti-Amor. Suena raro, pero esto es lo que nos ofrece Lovers in a Dangerous Spacetime, un pequeño juego independiente que, a pesar de poder ser jugado por un único jugador, enfatiza mucho la colaboración –y la diversión- siempre que haya una persona manejando a cada uno de los astronautas que deben trabajar juntos para manejar la nave, defenderse y poder avanzar por las cuatro campañas que nos ofrece este título.

Lovers in a Dangerous Spacetime es un juego muy activo, en el que los jugadores deben estar continuamente moviéndose por la nave para controlar diferentes partes como el motor, el escudo, las armas o el cañón Yamato –un arma especial que se puede activar cada cierto tiempo y que nos permite infringir grandes cantidades de daño-, creando una auténtica sensación de colaboración entre ambos jugadores, que deben comunicarse para poder sortear los diferentes obstáculos a los que nos enfrentaremos en nuestra aventura. Si bien llega un momento en el que un jugador puede “centrarse” en dirigir alguna parte como el motor mientras otro maneje mejor el escudo, en el momento de combatir, ambos jugadores deben moverse frenéticamente para poder sobrevivir los ataques de los esbirros creador por el Anti-Amor.

Cada elemento de la nave puede mejorarse hasta en dos ocasiones gracias a tres tipos diferentes de gemas: Energía, Rayos y Metal. Según íbamos jugando y probando distintas combinaciones, nos dimos cuenta de que hay algunas mucho más útiles que otras y otras combinaciones que directamente no llegamos a usar porque las encontramos realmente inútiles que el jugador debe descubrir durante su partida manteniendo el juego fresco con sus múltiples combinaciones. Pero también crea una curva de dificultad invertida, en el que los primeros niveles de una campaña son más difíciles que los siguientes al empezar sin gemas y con menor posibilidad de defendernos.

Nuestro objetivo en la mayoría de niveles del título es conseguir 5 de los 10 amigos que están prisioneros de los diferentes enemigos del Anti-Amor para que abran el corazón que nos permitirá avanzar a la siguiente fase. En otras ocasiones, tendremos que defender nuestra pequeña nave de diferentes oleadas de enemigos o enfrentarnos a temibles y gigantescos jefes finales que suelen usar las nuevas tácticas que se van introduciendo en cada campaña.

Sin embargo, algo que puede ser tan sencillo y divertido, en ocasiones se ve encapotado por ciertas decisiones de diseño que no miran precisamente por el jugador. A medida que vamos avanzando por las campañas, nuevos obstáculos y mecánicas se van introduciendo, añadiendo un pequeño grado de dificultad al juego. Enemigos invulnerables recubiertos en cristal que sólo pueden ser destruidos al devolver nuestros disparos tras golpear a pequeños astros que hay en el mapa (aunque no siempre estarán ahí para ayudarnos) entre otros. Esto acaba provocando situaciones en las que estamos rodeados de enemigos y no podremos hacer mucho para poder defendernos.

En otras situaciones, el diseño de algunos niveles nos conseguirá poner de los nervios con la cantidad de elementos de los que tenemos que defendernos causando que, en muchas ocasiones, recibir daño sea la única forma de avanzar. Por otra parte, los jefes resultan mucho más sencillos que algunos de los niveles que tendremos que superar, creando así un grado de dificultad cuanto menos desequilibrado.

Por otra parte, los campos visual y sonoro son sobresalientes. Lovers in a Dangerous Spacetime es un juego que quiere derrochar buen rollo en cada momento y es por eso por lo que los colores brillantes predominan en sus gráficos. El rosa y el verde neón son una constante durante todo el juego y van acorde a la música que nos acompañará en nuestra aventura. Los diseños de los enemigos, así como de los diferentes LOVERS son lo suficientemente variados para lo breve que es la historia. Pero si algo consigue destacar son las graciosas animaciones cuando nos cruzamos con nuestro compañero en la nave –paso de baile incluido- o cuando, sin querer, intentamos interactuar con una máquina en la que esté el otro.

Una banda sonora firmada por Ryan Henwood –que ha trabajado en juegos como Far Cry 4 o Rock Band- con tintes electrónicos en todas sus pistas que van desde temas de estilo más Retro Wave como Crystal C o Outer Limits y que chocan de frente contra otros mucho más tensos como el que sonará en nuestro combate contra Orion. Esta diferencia tan marcada crea una increíble variedad y una gran banda sonora para los oídos de los fans de la música electrónica. También destaca las graciosas voces que han incluido a los amigos que tendremos que ir rescatando y su “prrriiii” se quedará en nuestras cabezas durante días.

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Lovers in a Dangerous Spacetime consigue lo que quiere, sin muchas pretensiones. Es divertido y breve y los pequeños defectos que tiene se consiguen olvidar precisamente por su duración. La importancia de tener que colaborar y comunicarse con otra persona es lo que lo hace tan interesante. Además, la posibilidad de poder jugar con varias naves diferentes –cada una con sus pros y sus contras- hace que los retos en pareja sean mayores y más variados. No he podido probar el modo de un jugador pero, una vez completado el juego de forma cooperativa, no me planteo hacerlo.

Mikel ‘Saltitos’ Calvo

Desde casi su concepción, los videojuegos han permitido a las personas jugar en compañía. Quizá haciendo analogías a los deportes de la época y las habilidades requeridas para superar los difíciles desafíos provocaron que la gran mayoría de los multijugador fueran competitivos. Pong, Tetris o Mario Bros son ejemplos clásicos de ello, pero incluso otros juegos como Pacman, Dig Dug o Space Invaders en multijugador eran ridículamente forzados a ser juegos competitivos utilizando turnos.

Con la proliferación de arcades y la llegada de nuevos géneros como los beat em ups y los shoot em ups, se comenzó a explorar la cooperación entre el jugador 1 y jugador 2. Ambos hacían frente a las oleadas de enemigos y repartían los recursos encontrados y tiempos. Se competía individualmente por una puntuación, pero era conveniente gestionarse la matanza de enemigos y utilizar ataques especiales u otros recursos de forma cooperativa para poder superar las fases.

Salvo algunas excepciones y rarezas, durante varias generaciones las dinámicas de juego cooperativas se quedaron atascadas en ésa optimización de recursos para dos jugadores. Lovers In a Dangerous Spacetime es uno de esos videojuegos independientes que buscan sacar la experiencia cooperativa de ese letargo. Una chillona “space opera” donde dos jugadores gestionan una nave como un único ser, haciendo frente a los peligros de la galaxia.

El espacio de juego está dividido en dos capas, el interior de la nave y el espacio exterior. Cada jugador controla un avatar que se desplaza por la nave, pudiendo interactuar con sus diferentes partes (escudo, armas, timón…). Cada parte es una mecánica distinta de la nave y sirve a un propósito concreto en cada momento. El espacio exterior es un mar de peligros e incertidumbres por el que hay que navegar, eliminando insectos alienígenas y rescatando habitantes que se encuentran prisioneros.

Toda dinámica de juego en Lovers in a Dangerous Spacetime es cooperativa. Ambos jugadores deben ponerse de acuerdo para explorar, mejorar la nave, atacar y defenderse de enemigos, volver a la base… Es un videojuego que provoca un constante diálogo entre las dos personas acerca de todos y cada uno de los aspectos del juego. Sin embargo, con sus mecánicas no parece querer incitar al desentendimiento, sino que busca que los jugadores reflexionen en voz alta sobre sí mismos y su relación con el juego.

Por éste motivo es complicado analizar la dificultad del juego. Es un juego difícil en la medida en la que estés dispuesto a negociar y cooperar de forma cómoda con respecto al otro jugador. Su curva de dificultad aumenta ligeramente, pero sobre todo introduce nuevos desafíos que descubrir cómo enfrentarse. Lo peor de todo es que con sus cuatro fases de campaña, el juego se queda escaso ya que ofrece una experiencia nueva que nos deja con ganas de haber explorado más. Aunque el juego sea rejugable, da cierta sensación de tener un diseño de niveles demasiado rígido. Bien podría disfrutarse un modo de juego más abierto y procedural.

En el contexto más artístico, Lovers In a Dangerous Spacetime es un juego con una trama sencilla, que acertadamente se limita a justificar su jugabilidad. El juego mantiene una visión holística del amor, donde se ve como un sentimiento que inunda todo el universo y lo hace funcionar. El compañerismo y confianza de ambos jugadores se va extendiendo por la galaxia entre colores neón, salvando a personajes kawaii cuyas caras bien podrían estar impresas en bolsos y carteras bajo la marca Hello Kitty. Es una empalagosa manifestación del amor, que contrasta fuertemente con la hostil invasión alien a la que se debe poner fin.

Su estética tan explícita viene a apoyarse sobre las bases jugables, aportando una capa dulce a los serios desafíos que el juego plantea. Poco importa que hayas discutido con el otro jugador si al acabar el nivel aparecen gatitos y corazones. Cabe destacar que el juego está totalmente abstraído de género, siendo un total acierto poder elegir entre personajes con una identidad sexual no definida. Esto hace que puedas jugar con tu pareja sin necesidad de encarnar forzosamente un personaje que pertenezca a un género con el que no te identifiques.

En resumen, Lovers in a Dangerous Spacetime es una de las mejores experiencias cooperativas vistas en videojuegos. Plagada de desafíos y diversión, pero que deja con ganas de más campañas y modos de juego. Esperamos que el equipo de Asteroid Base nos traiga más amor y conflictos en el futuro.

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