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Los OMG que escribimos cuentan experiencias gaymers que la comunidad LGTB+ tuvo con determinados juegos. Hoy es el turno de FFX, para muchxs, uno de los mejores títulos de la saga y su fama está bastante reconocida. La historia de Yuna y Tidus y el viaje de la primera para lograr la paz (llamada “calma” en el juego) está en nuestra memoria como una experiencia irrepetible (sobre todo el grindeo post-game): su música, su estética marina post-apocalíptica, sus partidos de blitzball… FFX crea un universo único. Tal vez esto se deba a que los personajes son carismáticos y eso hace que los recordemos bien: Yuna y su capacidad de superación, el alegre y optimista Tidus, la amargura de Lulu, Wakka y sus abdominales, el serio y seguro Auron, la piel bronceada de Wakka, las excentricidades de Rikku, Wakka… Kimahri…

1,2,3... ¡maricón el útimo!

Bueno, vale, nos acordamos mucho de Wakka y poco de Kimarhi (algunos un poco más) o de la versión anime y marica de maléfica que se supone que es nuestro némesis en el juego. En Gaymer somos muy fans de Wakka y todo lo que su… físico representa.

Es una barbaridad lo que estimula el imaginario marica estos personajes heterosexuales tan bonachones, probablemente se deba a que no dudan en acercarse a nuestro protagonista, a tocarse, a crear lazos emocionales… y esto, unido a un diseño sexy (que no sexualizado), hace que pensemos que son accesibles. ¿Por qué no? En el caso de Wakka, uno puede leer entre líneas y pensar que Lulu y él tienen algo que va más allá de la amistad, pero hasta FFX2 esto no se deja ver de manera clara. Y entonces llega el desamor, el dolor y los fanfics en vena. Yuna, qué solas estamos, ¡qué solas! Entre Alistair y Wakka me han destrozado la vida.

I want to believe...

¿Qué? Yuna y yo tenemos mucho en común y tuvimos experiencias similares a lo largo de los dos juegos, es como mi hermana del alma. Vale, yo no soy una personita mágica que va por el mundo rezando para poder invocar almejas tuertas gigantes o unicornios eléctricos; tampoco tengo un ojo de cada color o pelazo, pero todo eso es superficial.

En FFX ambas estábamos enamoradas de un chico estupendo que nos hacía caso y estaba ahí siempre que lo necesitábamos, a veces era para pegarle dos ostias, pero nos encantaba. Teníamos un secreto fuerte, mazo de fuerte, pero nos lo callamos porque somos las mejores y creíamos que así podríamos estar mejor con él. Entonces, sin casi avisar, este chico se vuelve inaccesible. Yuna se lía con él, porque es un poco más viva que yo, pero yo me tengo que matar a pajas. En el caso de ella, su novio es víctima de un por plot twist, en mi caso, es víctima de la heteronorma. ¿El resultado? Despechadas.

Cuando tu Bae no te quiere

Y entonces llega FFX2 y ambas decidimos irnos de gira con nuestras amigas, que el luto es muy romántico y todo eso, pero mira, que el blanco me queda mejor y que es mucho más divertido ir de playa en playa comiendo chirlas y probándome trapitos con mi prima y mi amiga Dolores que estar todo el rato silbando al mar a ver si aparece un sireno. FFX2 no es considerado como el mejor de los FFX2 ni mucho menos; mi etapa posterior al desamor tampoco lo fue, pero mira, lo recuerdo con cariño.

Y eso es FFX, un viaje por el desamor para aquellas personas que se enamoraron de un hombre hetero y nunca pudieron consumar. La X sobra mil, la verdad, pero esto no es Bioware y nos tendremos que conformar con porno softcore hetero…

Lejos de mi Bae, bakas.
Imagen de perfil de Alex Red-Miau

Alex Red-Miau

Druida de la zarpa gatuna de día, kendoka de rango Neko Shogun de noche, a las 12 me pego un tiro y salvo Japón de las sombras mientras tú pestañeas.
Imagen de perfil de Alex Red-Miau

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